El ser humano

Envidiaba las aletas del pez, y construyó un barco. Envidiaba las alas del pájaro, y construyó un avión. Envidiaba, además, el galope del caballo, y construyó un coche. Envidiaba el colmillo del león, y fabricó una espada. Envidiaba también el pelaje del lobo, y se cubrió con un abrigo.

Y ahora que el ser humano se ha hecho artificialmente a imagen y semejanza de la naturaleza, mi única plegaria es que explote aquello que es innato en él, lo que le diferencia del resto, lo que lo hace único, y que comience, de una vez por todas, a utilizar la razón.

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Fotografía: Álvaro Ruiz.
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